EL TAPÓN (I)

MENSAJE DE SU ILUSTRÍSIMA NAVIDAD  

 

Hola a todos, pequeños, jóvenes, medianos, grandes, súper grandes.

 

Lo primero que quiero preguntaros a todos es ¿Qué coño habéis hecho conmigo?

Bueno, a los niños no les pregunto porque bastante tienen con seguir lo que se están encontrando ya creado. Mi más sincero agradecimiento a esos niños que vienen a este mundo a hacernos conscientes de estas y muchas otras cosas. Mi cariño, apoyo y abrazo para que continuéis con la tarea que habéis querido realizar para el bien común. Gracias a quien os ayude y comprenda para seguir con ello.

 

Ya no sé quién ni qué soy, me llamo Navidad, pero no recuerdo nada de mi infancia, ni de mis padres, me siento como aturdida, sin identidad. He tenido que meterme en el cuerpo de un tipo que escribe en el ordenador con dos dedos para intentar encontrarme y sentirme. 

 

Cada vez antes de diciembre, empiezo a ver por muchos sitios montañas de turrones, dulces, pilas de televisiones, teléfonos, un montón de frascos de colonia en la televisión, y en las calles cantidad de luces de colores por todos lados.

Ya me empiezo a sentir, a despertar de mi letargo, ya huele a mí misma, a Navidad.

Pero este olor últimamente se está empudreciendo. Qué cosas tengo conmigo misma, como voy a oler a podrido. Quizás no ha podrido, pero sí choto aborregado consumista y por eso no me reconozco, yo no olía así, qué cosas.

 

Me siento como una sensación de época, donde se tienen que concentrar en poco tiempo todas las emociones posibles, para unos buenas, para otros malas, para muchos con olor.

 

Parece como si no hubiese año, hay Dios, qué empalago. Por la calle la gente que durante el año ni se mira, se saluda atentamente y se desea feliz año nuevo, pero durante ese año nuevo, posiblemente si se cruza en tu camino, ni te enteres de su presencia. 

 

Hace años éste que escribe tuvo un disco bar con su querido hermano Pedro. Lo primero que hacía la gente al llegar después de las campanadas era darles un abrazo y desearles feliz año. Lo segundo que hacían era irse sin pagarles las copas que se habían bebido y eso era lo que realmente les deseaban para el nuevo año, quédate con cara de jilipollas que yo me voy a acostar con el primer colocón a tu costa. Por suerte, esto sólo lo llevaban a cabo algunos iluminaos. 

 

Veo a la gente sufrir antes de comenzar las grandes cenas. Dios, como me voy a poner, verás luego el pantalón como me estalla. Es decir, que la gente, antes de comenzar a celebrar algo ya está con remordimientos de conciencia por lo que va a hacer, ¿cómo te puede sentar eso?

 

Una vez que has cenado, entre el sobrante que ves en las bandejas y platos y como se encuentra tu estómago por la cantidad, calidad y mezcla de alimentos ingeridos, tu estado de ánimo no es el más adecuado para hacer nada, por lo que decides intentar hacer una buena digestión ingiriendo una serie de licores “digestivos” que desbloqueen esa extraña bola que tienes en la boca del estómago y que no va ni para bajo ni para arriba. Está ahí diciéndote, te han sobrado tres polvorones y dos trozos de turrón de nuez de macadamia con higos vueltos, trozos de pistacho relleno de fruta desidratada. Bueno, pero con un poquito de licor de hierbas esto se baja. Pero no, no baja lo suficiente, por lo que decides tomarte alguna mezcla con algún refresco con burbujas que eso sí que te va a ayudar, las burbujas harán explotar ese tapón que tienes por el ombligo. Y efectivamente el tapón después de varias tomas sale con fuerza de tu cuerpo, unas veces en forma de manguera y otra de grifo, pero sale. Dichoso al que le sale porque a otros se les queda dentro hasta varios días después.

 

Sí, porque dos días después de esta cena tienes comida de empresa, de la empresa donde tantos días te sientes mal porque hay cosas que están fuera de tono, de lugar, pero hay que comer juntos por Navidad y nos damos el abrazo que durante el año se convierte en codazo.

Bueno, pues sin digerir todavía la cena del día anterior, te presentas en el restaurante elegido para ese año por tus directivos. Tus pasos son calmados y atentos, no porque esté practicando la calma y atención plena, sino porque todavía no has soltado el tapón. 

Bueno, vamos a tomar antes de comer una cañita para ir abriendo boca. Tú sonríes, pero sabes que las cañitas tienen más gas, un gas que se añadirá al gas de la noche anterior y eso no es bueno para tu tapón, pero un “compañero del alma” te coge del hombro y te dice: - Venga hombre, tómate una caña, que estamos en Navidad. Y tú, que eres un hombre fácil, vas y te la tomas, pero no una, las que “tu compañero del alma va pidiendo, como ese día paga el jefe, hay que hincharse cueste lo que cueste (al jefe). 

 

Cuando pasas por fin a comer lo primero que te preguntan es ¿carne o pescado? Y tú piensas tapón, quiero tapón, solo quiero soltar el tapón, pero ahí está tu “compañero del alma” que enseguida grita, venga coño, decídete que es para hoy, qué se nos pasa la Navidad. Tú rápidamente para no contrariar a compañeros y camareros, dices lo primero que se te ocurre de lo que te han ofrecido y ahí se queda la cosa, que ahora piense otro. Comienzas los canapés y tú ya no puedes más, solamente viendo de nuevo la abundancia del momento, ya estás lleno. –Pero come, que estamos en Navidad, te dice “tu compañero del alma”. La comida va avanzando hasta el punto en que te traen el segundo plato que habías pedido. Oh, eso lo he pedido yo. En el plato aparece un pedazo de codillo que no cabe de lo feo y grande que es. Piensas, eso es imposible comérselo, pero miras a tu jefe y él te mira como diciendo, vaya lo que ha pedido el chaval, y eso que no comía mucho, pero hoy va a aprovechar que pago yo, qué jodío. 

 

Tú piensas, si me lo dejo malo y si me lo como peor, pero no tienes más remedio que comenzar a trocearlo y para dentro, poco a poco, si eso no es nada para lo que te espera durante estos días. Vas sintiendo como lo que vas metiendo en tu cuerpo no penetra el tapón y se va quedando hacia arriba, como si dentro de tu cuerpo tuvieras un Tetris, los trozos de carne se van bajando y acoplándose donde encuentran espacio dando vueltas para su acople correcto.  Piensas, cuando pasen estos días me apunto al gimnasio…o a yoga, mejor a yoga, que me han dicho que va muy bien para disolver los tapones.

 

El Yoga, el Reiki, el Mindfulnes, no es que sean destaponadores, es que son muy buenas herramientas para crear consciencia y no seguir taponando la vida como lo estamos haciendo. Taponamos los estómagos, taponamos las emociones, taponamos la naturalidad, taponamos la infancia, taponamos el planeta, taponamos…, los tapones. Queremos descorchar nuestros tapones para brindar y pedir deseos y tener momentos efímeros y pasajeros de felicidad, pero esto es fugaz y la realidad es que nuestra alma pide un alimento espiritual que no se llena con grandes y ostentosas cenas o momentos. Se llena llegando a sentir esa paz interior que cuando la saboreas, no la cambias por ningún otro manjar. Se llena formando parte responsable y muy personal de algo que pueda ayudar a desacelerar esta vorágine y prisa social, poco humana y poco sostenible. 

 

Mi tapón hoy se suelta para desearte que disfrutes en cada momento, no sólo en Navidad, sino en cada día de tu vida. 

 

Ejercicio práctico: 

Mira a tu alrededor, siéntate y medita sobre cómo ha transcurrido este año que está a punto de terminar. Haz un alista de las cosas que no quieres volver a realizar en el 2020. Anota aquello que tienes que decir “NO” para que dentro de ti haya un “SÍ”.

 

Piensa qué forma de compras es la más sostenible para ti, tu barrio, tu pueblo, tu vida, y la del planeta. 

 

Reflexiona sobre qué conversación mantienes y con quién. Si constantemente criticamos, o si somos capaces de ponernos en el lugar del prójimo, aunque sea de vez en cuando. 

 

Medita sobre algún error que hayas podido cometer y piensa si has aprendido algo sobre esto. Perdónate por ello y sácale a esta circunstancia el mayor partido posible para que esta navidad de ayude a desprender de culpas y caminar hacia la descarga que te ayude a sentirte bien contigo mismo y tratar a los demás como a ti te gustaría que te tratasen.

 

Chin-Pón.

 

Escribir comentario

Comentarios: 0

Síguenos en Facebook para mantenerte informado de nuestros próximos eventos y actividades


Contacto

Luis Caminero

info@nosoloyoga.com

Tel: 661 209 040