La regla

Los límites me dan seguridad.

 

Como padre, Siempre me planteo la palabra límites, dónde ponerlos y cuándo.

Siempre llego a la misma conclusión. Todos estamos limitados por algo, incluso físicamente tenemos nuestra piel que es la que limita nuestro cuerpo. Hay límites que son perfectos para tener claro ciertas cosas. Eso les vienen bien a los niños, tener unos límites lógicos, ni muy gelatinosos, ni muy dictadores.

 

Unas limitaciones claras e incluso argumentadas para que les sirvan y no les coarten.

En la realidad exterior debe haber reglas para nosotros cuyo objetivo es que podamos sentir cierto orden. De este modo, no nos sentimos delimitados por las paredes de nuestra casa, más bien al contrario, nos aportan un sentimiento de seguridad y recogimiento. Y si realmente nos metemos en la piel de los niños y comprendemos sus necesidades, nos daremos cuenta que para sentirse bien necesitan unas limitaciones muy claras, que van cambiando junto a la transformación que vive cualquier organismo en periodo de crecimiento, para que no se perciba como una camisa de fuerza.

 

De esta manera los niños experimentan estas reglas o normas como justificadas, que le benefician y le ofrecen seguridad.

 

Los límites son importantes para que uno mismo pueda orientarse y que sirvan para que las niñas y los niños puedan experimentar las consecuencias lógicas que tienen sus actos.

Como padres tenemos que aportar a los niños vivencias concretas que les demuestren que están atendidos y que se les da importancia, y de esta manera crezca un sentimiento en ellos de confianza que se convierte en una base para desarrollar la autonomía y para tener ganas de descubrir el mundo. Por lógica, un niño que se siente seguro acepta que en ciertas situaciones se pongan límites.

 

Estar presentes permite que en vez de poner «prohibido» podamos indicar «que no está permitido». Eso les transmite que los amamos aun cuando no les permitimos hacer algo que les gustaría hacer. Los niños se vuelven más seguros y cada vez más tranquilos, más armónicos.

 

En fin, el trato con los niños puede convertirse en una fructífera vivencia y una aventura que nos abre toda una serie de posibilidades para practicar empatía, para comprenderles mejor y para establecer nuevas conexiones. Y sobre todo una oportunidad para asimilar, rescatar y armonizar muchas situaciones y recuerdos de nuestra propia infancia.

Ellos nos proporcionan de qué otras maneras podemos poner reglas adaptadas a los nuevos tiempos. Los padres que voluntariamente aprovechan los años en los que sus hijos son pequeños y se esfuerzan en serio por conseguir relaciones adecuadas con ellos, pronto se darán cuenta de que no sólo los niños, sino también ellos mismos sacarán provecho de esta decisión.

 

Ejercicio práctico:

 

REGLAS BÁSICAS DE CONVIVENCIA: 

¿Llegaste? SALUDA 

¿Te vas? DESPÍDETE 

¿Encendiste? APAGA 

¿Abriste? CIERRA 

¿Desordenaste? ORDENA 

¿Rompiste? ARREGLA 

¿Ensuciaste? LIMPIA 

¿Mojaste? SECA 

¿No sabes cómo funciona? NO TOQUES 

¿No sabes hacerlo mejor? NO CRITIQUES 

¿No viniste a ayudar? NO MOLESTES 

¿Pediste prestado? DEVUELVE 

¿No te pertenece? PIDE PERMISO 

¿Hablaste? HAZTE RESPONSABLE 

¿Prometiste? CUMPLE 

¿Ofendiste? DISCULPATE

¿Compraste? PAGA 

¿Amas? DILO 

¿Te ayudaron? AGRADECELO 

¿Te equivocaste? ADMITELO 

¿Te gustó? APLICALO

 

Luis Caminero López de Lerma.

Texto del libro Relajacionándonos, tus herramientas para cuerpo, mente y corazón, donde puedes encontrar muchos más ejercicios de relajación, gimnasia emocional, inteligencia corporal y crecimiento interior para niños de 0 a 100 años.

 

Luis realiza asesoramiento y consultas psicoterapéuticas para el bienestar físico, mental y emocional de niños, familias, etc. 

 

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