La cara B

Cuando pinchaba música en aquellos vinilos, aquellos maravillosos años, siempre buscaba e indagaba en esas canciones que no eran las puramente comerciales que más se oían por todos lados. 

 

Me interesaba y me interesa descubrir la otra cara. Siento que todo lo que más sobresale no es lo único que puede aportarnos y hacernos sentir. 

 

Al igual me pasa con el yoga y la espiritualidad, busco esas otras canciones que no son las que están repitiéndose por todos lados. 

 

Tengo el recuerdo de querer aportar a mi entorno esa música menos conocida y sorprendente. Yo pensaba siempre que por qué no hacía como le resto, poner lo que se ponía en todos lados y se acabó. Pero dentro de mí siempre ha habido algo que no resuena con ese “todo igual en todos lados”. 

 

Me imagino, (pues ya no me acuerdo bien) que lucharía contra mis sensaciones diferentes para intentar alinearme con el resto de las mentes. Intentar ser más “normalote” y no salirme tanto de los cánones. 

 

Yo siento, más que pienso, que esa normalidad, ahora de moda, la nueva, nos hace poco favor en favor de nuestras cualidades más íntimas. 

 

Aparentemente seguir la norma y la moda es algo que siempre ha ocurrido y creo ocurrirá cada vez con más fuerza porque el ser humano se ha puesto en manos de algo que sí que no es normal: seguir y seguir detrás de diferentes vertientes, sin hacer uso de un poco de inteligencia y poder analítico. 

 

Por poco tiempo, por la manipulación del medio y de los medios, o por la poca ilusión de buscar la otra cara de las cosas, nos quedamos en sólo una canción que se repite en todos lados y que llega a cambiar nuestra forma de pensar, y lo peor, nuestra manera de sentir, quizás incluso llegando a perder los sentimientos personales y llevando a cabo los globales. 

 

En la espiritualidad de la vida (es decir, todo lo que la acontece) me interesa tener información de todo tipo y de ahí poder decidir lo que resuena en mi interior con la melodía de mi alma. 

 

Siempre pienso, menos que siento, que casi todo (desarrollo personal incluido), no todo, está diseñado para que no pensemos ni sintamos, sino que sólo sigamos. Sigamos una estela de normalidad impuesta donde se pierde hasta la esencia, la esencia de la propia vida. 

 

Creo que muchas de las situaciones adversas de la vida nos pueden ayudar a limpiarnos, fortalecernos y humanizarnos, pero no considero interesante ni beneficioso quedarnos en el ruido que hay por todos sitios. Debe haber una cara B. Por qué no buscarla.

 

Ridiculizamos y rechazamos a quien no quiere escuchar las mismas canciones impuestas y puestas por pinchadiscos mercantilizados e influencers influenciados. No somos capaces de escuchar a otras y otros con la intención mera de la atención.  Dentro de los negacionistas, modernistas, normalistas, afirmacistas, espirituistas, politicistas y electricistas, lo que debería haber siempre es un analista humanista. Cuando dejamos de analizar y simplemente seguimos la misma tintinela, esto al final no cuela. 

 

A mí, la práctica espiritual diaria me conduce a no buscar canciones inquieta-mente, sino a poder encontrar otros tesoros escondidos, serena-mente.

 

Sólo nos ponen la música que les interesa a los interesados, que, por cierto, son poco interesantes. Y esa música pareciera ser la única que existe. 

 

Pues

Vive y persiste, busca y rebusca, analiza y canaliza, despierta y acierta, educa y revoluca. 

 

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Comentarios: 2
  • #1

    Pedro Filoso (sábado, 01 mayo 2021 11:05)

    Me gusta mucho tu artículo-reflexión.
    Lo comparto...

    Un abrazo

  • #2

    Luis (sábado, 01 mayo 2021 22:32)

    Muchas gracias Pedro.
    Es importante que no dejemos de reflexionar.

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